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BARCAS EN EL PISUERGA (Valladolid)


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Barcas en una de las orillas del Pisuerga. El paseo en estas barcas, que se alquilan en una caseta ubicada junto al puente del Poniente, es uno de los recuerdos de juventud de varias generaciones de vallisoletanos. Una forma más de disfrutar de un río que es también una auténtica seña de identidad de la ciudad.

Puente Mayor. Valladolid. España.© Javier Prieto Gallego
Puente Mayor. Valladolid. España.© Javier Prieto Gallego

Otra es, desde luego, aprovechar sus orillas para recorrerlas en un largo paseo que enlaza jardines, plazas y puentes. Un paseo que puede iniciarse en la dársena del Canal de Castilla para dar la bienvenida a unas aguas que fueron tomadas del Pisuerga 200 kilómetros más al norte, en Alar del Rey y que llegan a Valladolid por derroteros distintos a los de su propio río  para volcarse de nuevo en él a la altura del puente Mayor. Hasta este se llega por el jardín que media entre la dársena y el río haciendo compañía a unas aguas del canal que se deslizan bajo la antigua fábrica de harinas «La Perla» antes de verterse al río.

El puente Mayor es casi tan viejo como la propia ciudad. De hecho sus orígenes se remontan al momento, más o menos en el siglo X, en el que el conde Ansúrez decide impulsar aquí un núcleo de población que acabó por eclipsar los que hasta entonces existían: Simancas y Cabezón.

Restos de las antiguas aceñas junto al Puente Mayor. Río Pisuerga.Valladolid. Castilla y León. España, 2009 © Javier Prieto Gallego
Restos de las antiguas aceñas junto al Puente Mayor. Río Pisuerga.Valladolid. Castilla y León. España, 2009 © Javier Prieto Gallego

Cruzando el puente tal como hicieron desde el principio los viajeros que llegaban desde el norte a la ciudad, se alcanza el jardín de Las Moreras.

Sus orígenes están en el proyecto ilustrado que en el siglo XVIII impulsó la Real Sociedad de Amigos del País mediante el trazado del llamado “Espolón Nuevo”. El nombre lo recibe de los 475 árboles de esa especie que se plantaron como una forma de proporcionar también alimento a los gusanos de seda que se utilizaban en la destacada producción de paños que hacían de Valladolid una de las más importantes de España.

Playa de las Moreras junto al río Piuserga. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego
Playa de las Moreras junto al río Piuserga. Valladolid. Castilla y León. España. © Javier Prieto Gallego

El puente Colgante no sólo destaca por su singular estampa decimonónica. En su currículum luce el relumbre vanguardista de ser el primero en España construido según un novedoso sistema –bowstring- presentado en la Exposición Universal de París en 1855. Otro episodio singular de nuestra historia ocurrido en este tramo del río tuvo lugar el 2 de agosto de 1606 cuando, en un experimento científico de gran relevancia, y ante la mirada expectante de Felipe III y de la muchedumbre que se agolpaba en las orillas, se ensayó por primera vez en el mundo un modelo de escafandra que tenía renovación continua de aire. Fue la primera vez que un buzo se sumergía aguantando bajo las aguas más de una hora, en una de las zonas más profundas del río a su paso por la ciudad.

Cruzar el río por él lleva hasta las puertas del Monasterio de Nuestra Señora de Prado. Merece la pena asomarse al interior de sus claustros. Fue un destacadísimo monasterio que vivió, sobre todo, de su imprenta, la primera en Valladolid, dedicada en monopolio a la impresión de bulas.

Desde aquí este paseo de riberas otoñales debería acabar recorriendo las salas del cercano Museo de la Ciencia y, con mucho mayor motivo, las de la Casa del Río, al otro lado de la pasarela también vanguardista. Sus acuarios y terrarios explican algo de lo visto en el paseo y, sobre todo, lo que no se ve: quién vive y habita bajo sus aguas y junto a sus orillas.

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